Un caso de mediación de pareja

Este es un ejemplo muy práctico de un caso de mediación de pareja en el que se aprecia el peso de la negociación.

Se nos presenta un conflicto entre una pareja con una suegra de por medio, donde las partes deben negociar para alcanzar el acuerdo. El papel del mediador es el de servir como canal de comunicación para tratar de conciliar a los negociadores.

Este caso realmente ilustra muy bien una situación de conflicto que bien podría ocurrir en cualquier familia, así como diferentes caminos para afrontarlo. Resulta muy útil para entender el papel de la negociación y el análisis que ofrece.


“Abelardo y Eloísa”

Relato de hechos

Abelardo y Eloísa desean contraer matrimonio. Una vez casados, Abelardo quiere que vivan con su madre, una mujer de carácter fuerte y dominante a la que Eloísa aprecia, sin duda, pero de la que no aguantaría la presencia constante, pues teme su continua intervención en la vida conyugal. De hecho, la empresa en la que ambos trabajan les ha ofrecido trasladarse a otra ciudad, en la que acaba de abrir una sucursal, y Eloísa ve con muy buenos ojos dicho traslado.

He aquí una situación de conflicto, que de seguro no parecerá extraña a más de un lector. Como tal situación, el conflicto entre Abelardo y Eloísa puede tener varias salidas. Los dos enamorados podrían, en el extremo más dramático, renunciar a su amor por considerar la postura del otro incompatible con sus propios intereses. Podría suceder también, que uno de ellos se pliegue al deseo del otro, con sacrificio de su propio interés (y acaso por considerar que el sacrificio vale la pena por ser mayor la satisfacción obtenida con el matrimonio). En ambos casos el conflicto se solventa, bien porque ambos renuncian a sus intereses y ninguno los satisface, bien porque renuncia uno de ellos, con satisfacción plena del otro. En ninguno de los casos se llega a una solución distinta de las planteadas originalmente, bien sea porque cada cual se aferra a su postura, bien porque uno de ellos acepta la del otro. Pero existe una tercera posibilidad: que ambos cedan en parte y ambos sean satisfechos en parte. Sucedería tal cosa por ejemplo, si ambos se quedan a vivir en su ciudad, cerca de la madre de Abelardo pero en un domicilio diferente: Eloísa renuncia al traslado y Abelardo a la intromisión materna, en una alternativa nueva y distinta de las dos formuladas originalmente.

Este último tipo de solución es, sin duda, el más complejo, porque requiere un proceso de adopción de decisiones creativo, en el cual interviene un proceso de las partes dirigido a alcanzar un acuerdo, que denominamos negociación.



En este diagrama hemos representado las distintas soluciones al conflicto, de un lado, y el grado de satisfacción que de esa solución extrae cada uno. Los valores otorgados son convencionales, y se mueven en una escala de 0 a 10.

• La solución A es aquella en que Abelardo y Eloísa deciden no casarse, por lo que no satisfacen su interés principal en el conflicto. En esta solución, su interés queda frustrado, por lo que el valor que atribuimos a la satisfacción de cada uno es de 0.

• La solución B es aquella en que la pareja se casa y van a vivir con la madre de Abelardo. Abelardo por tanto, satisface plenamente sus pretensiones, por lo que atribuimos a esa satisfacción el valor 10. En cambio, Eloísa satisface una parte de sus pretensiones (casarse con Abelardo), a costa de sacrificar uno de sus intereses. Atribuimos por ello un valor 5 a su satisfacción.

La solución C representa la opción contraria: Abelardo y Eloísa se casan y van a vivir a otra ciudad. En este caso, las pretensiones de Eloísa se satisfacen a cien por cien, pero las de Abelardo quedan frustradas en parte. Por ello atribuimos valor 5 a su grado de satisfacción.

La solución D, por último, supone que ambos satisfacen su interés principal, y alcanzan un compromiso  que permite satisfacer de modo bastante razonable sus otros intereses. Como esta satisfacción no es plena (Abelardo vive cerca de su madre, pero no bajo el mismo techo, Eloísa no vive con su suegra, pero no se traslada), no atribuimos un valor 10 a su satisfacción, sino un valor ligeramente inferior.

El ejemplo expuesto presenta una situación en la que ambas partes extraen igual valor de la solución negociada. Pero ello no tiene por qué ser siempre así. Pudiera darse el caso de que esta solución, para Eloísa o para Abelardo, no representara una satisfacción mayor que 6. Ello no impediría tampoco alcanzar un pacto, ya que 6 sigue siendo mayor que 5 y que 0, por lo que, ante la imposibilidad de alcanzar el 10, la solución negociada sigue siendo ventajosa. Con ello queremos poner de manifiesto que las soluciones negociadas no son necesariamente equitativas ni proporcionan siempre igual valor a los negociadores. Les proporciona, eso sí, un mejor valor respecto a la falta de solución del conflicto o a la entrega directa a los intereses de la otra parte.

Ese mejor valor se sitúa, siguiendo en nuestro ejemplo, entre el 6 y el 10. Por debajo de ese abanico, ninguna de las partes se verá movida a pactar.

Supongamos que la zona de acuerdo (zona de confluencia de intereses dentro de cuyos límites es posible alcanzar un acuerdo) se sitúa en el hecho de vivir en la misma ciudad que la madre de Abelardo, pero en domicilio distinto. Dentro de esta zona, cualquier punto supone para ambas partes un mayor valor. Pero ese valor es distinto para cada parte en función del lugar elegido para vivir: el extrarradio, el mismo barrio que la madre de Abelardo, la misma calle, etc. Cuanto más cerca del domicilio de la madre de Abelardo se acuerde señalar el domicilio de los nuevos esposos, más alto es el valor obtenido por Abelardo, y más bajo el obtenido por Eloísa. Supongamos también que pasar del extrarradio al mismo barrio, supone para Abelardo pasar de un valor 6 a un valor 7, y para Eloísa, bajar de un valor 9 a un valor 8.

En esta tesitura, Abelardo puede no conformarse con el valor 6, aunque para él ya resulta ventajoso, y seguir negociando para mejorar su posición. El Acuerdo puede situarse entonces, dentro de la misma zona de acuerdo, en un punto en que obtenga un mayor valor, aunque el valor obtenido por Eloísa disminuya.

Si Abelardo conoce bien los límites de la zona de acuerdo, sus negociaciones pueden llegar a culminar con éxito. Dependerá de su habilidad como negociador. Pero si no es así, corre el riesgo de sobrepasar la zona de acuerdo y frustrar éste. Supongamos que Eloísa acepta vivir en la misma ciudad, pero no en la misma calle. Si Abelardo, para mejorar su posición, llega a proponer esta última solución, el acuerdo no se alcanzará. En buena lógica, Abelardo debiera recular a la zona de acuerdo. Pero esto nunca resulta fácil, por razones diversas.


Como hemos visto en este ejemplo de mediación de pareja, para alcanzar un acuerdo satisfactorio, la negociación va a ser clave. La zona del acuerdo es amplia y caben distintas alternativas, por eso la creatividad a la hora de pensar posibles soluciones juega un papel importantísimo. Esencial en este punto la asertividad si estamos negociando, pues es muy importante ser claro y honesto. No dejar de defender nuestros intereses legítimos por miedo o resignación, pero tampoco querer imponer nuestras posiciones y ser inamovibles (recordando que a la mediación se acude de forma voluntaria).

Lo más probable es que durante el proceso, sobre todo si es familiar, salgan a flote los sentimientos más profundos de las partes. A veces entraremos en un bucle de emociones del que será difícil salir mientras sólo miramos al pasado y no al futuro. En este punto, será el mediador el que contemple desde fuera y analice el conflicto con imparcialidad. Con el conocimiento de lo delicada que es una situación de pareja o de familia. Por eso, si éste cuenta con la legitimación de las partes, podrá gestionar la carga emocional enquistada haciendo las observaciones y preguntas adecuadas y mejorando la comunicación. Es fundamental para el mediador ser y sentirse legitimado por las partes para dirigir el proceso.




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